Nos abraza la enfermedad como a un bosque amarillo

Como si fuera un arma química,

la tristeza se aspira

hasta contagiarnos su liturgia

de amplia

pincelada

lenta.

 

Pequeñas tragedias suceden,

como por ejemplo,

constantemente

comprobar el tiempo que nos queda

o recorrer sin ánimo

cualquier camino.

 

Tal vez correr la lluvia

en los pulmones

o el corazón,

subsane esta fragilidad clara del hombre.

 

Sé que yo

también soy vida

 

pero me cuesta aceptar

que la muerte

sea nuestra invitada a cada paso.

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