Despertar

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Vivir despacio,

mirar a los ojos de los que nos rodean,

saborear todo aquello que no dicen.

 

Encender hogueras,

dar de beber,

amar sereno el tiempo del amor.

 

Soportar las plagas del cielo

con paciencia de trinchera.

El dolor es una amante peregrina.

 

Asistir al parto

de una nueva palabra.

Colocarla detrás de otra

hasta formar un río.

 

Percibir el esfuerzo del árbol

por hacerse bosque.

Observarse, de vez en cuando,

las líneas de las manos.

Despertar

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Vivir despacio,

mirar a los ojos de los que nos rodean,

saborear todo aquello que no dicen.

 

Encender hogueras,

dar de beber,

amar sereno el tiempo del amor.

 

Soportar las plagas del cielo

con paciencia de trinchera.

El dolor es una amante peregrina.

 

Asistir al parto

de una nueva palabra.

Colocarla detrás de otra

hasta formar un río.

 

Percibir el esfuerzo del árbol

por hacerse bosque.

Observarse, de vez en cuando,

las líneas de las manos.

Rozamos con los dedos un nuevo lenguaje

Pensamos:

“es hora de cavar túneles que atraviesen negras embajadas.

Deshacernos de la costra apagada del barco,

nadar en la superficie de este mar sucio.”

Pensamos descubrir músicas

que nos agotaran el corazón de alegría,

interpretar como afirmación

el movimiento de los columpios,

abrir los ojos,

ver,

dejar de ser intrusos.

Pero no pudimos ir más allá.

Regresamos como las olas

después de haber intentado vencer a la costumbre,

como el boomerang que lleva escrito en su ADN

el abismo curvo de la distancia

y no cree en su victoria.