Habitantes de lo pasajero

Como a lomos de una débil música

que saltara de tejado en tejado,

como la carne y el sueño.

En todo instante vive la amenaza

de lo banal o la fantasía de lo eterno.

Recuerdo el silencio durante los desayunos,

el sol siguiendo su trayectoria ardiente.

A ninguno de los dos nos importaba

que el mundo se lamiera las heridas.

Éramos ansia de paz

porque todo lo que duele es inútil.

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Esta entrada fue publicada en Poemas.

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