Vagones repletos

Nacemos con instrucciones de completar

un mágico y misterioso viaje.

 

Sollozamos ante una música invisible que nos despide,

una melodía con puntas de oro y dolor.

 

La incertidumbre es un paisaje borroso que marea.

Sonreímos ante el nacimiento de los días

como niños en mitad de la miseria,

 

y canciones alegres cantamos,

y canciones amargas cantamos.

 

En la estación del edén

nos esperaban extraños árboles retorcidos

y sonrisas de tiza en el asfalto.

 

Descubrimos que el paisaje

en nada había cambiado.

A nuestro alrededor el mismo cartón piedra.

 

Esto no era el paraíso.

Esto no era el paraíso.

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