Mi ley

Solo con abrir los ojos
conseguiste inclinar el mundo hacia la belleza.
Mi oficio desde entonces fue buscar las profundidades
y el tuyo ser hallada por las palabras de un cómplice.
Todos los colores debieron nacer del interior de tu boca
porque tu aliento supo teñir las noches con latidos incandescentes.
Tu marcha me volvió silencio.
Desde ese día la oscuridad es mi ley:
el tiempo pasa mucho más deprisa con las persianas bajadas.

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Esta entrada fue publicada en Poemas.

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