Mi ley

Solo con abrir los ojos
conseguiste inclinar el mundo hacia la belleza.
Mi oficio desde entonces fue buscar las profundidades
y el tuyo ser hallada por las palabras de un cómplice.
Todos los colores debieron nacer del interior de tu boca
porque tu aliento supo teñir las noches con latidos incandescentes.
Tu marcha me volvió silencio.
Desde ese día la oscuridad es mi ley:
el tiempo pasa mucho más deprisa con las persianas bajadas.

A una desconocida

Quisiera conocer esos mundos

que se esconden detrás de tus rodillas.

Descubrir el olor de tus muñecas al abrir una ventana,

al entrar en contacto tus venas

con el oxígeno de una mañana libre.

 

Solo imagino aquello que ignoro.

 

En mis labios de papel

llevo el pasaporte que te identifica

como estandarte de la belleza,

y mis poemas de carne roja

son silencio si besan tu piel.

 

Quisiera conocer otros mundos,

esos lugares de cristal con los que sueña la gente.