Arqueología del recuerdo

El tiempo es un chasquido de dedos

y mirar sus estratos, fósiles

de color deshilachado,

es asomarse a un equipaje deshecho,

excavar en el desorden de la memoria

donde anidan los pájaros de hoy.

 

¿Recuerdas las grietas en la cueva,

los gemidos apenas iluminados por los rescoldos del día,

el blanco de los ojos como estrellas nuevas

que con su temblor defendían la presunción de inocencia?

¿Recuerdas las ásperas manos de la noche

abrazando nuestras sombras, el futuro

protegiéndose de los pasos silenciosos del presente?

Sexo y vida,

vida y muerte, eso era todo:

pulsiones decorando la bóveda

de un tiempo aún por inventar.

 

Pero ahora nada ha cambiado.

Entre ladrillos y cemento,

entre cristal y acero

nos descerraja el viento

tachuelas plateadas del norte más frío,

y la pregunta sigue siendo la vida

y la respuesta sigue siendo la muerte.

Y mientras, el sexo nos sacia por un momento tan leve,

con su danza de colores y una cifrada polifonía de resuellos,

que es inevitable sentir que nada es sólido,

ni siquiera el largo día de verano que inspira confianza.

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3 comentarios el “Arqueología del recuerdo

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