Palabras en boca de un charlatán ebrio

La felicidad no es un estado permanente

Joaquín Marco

Desde luego que sus piernas eran la raíz desnuda de la belleza

y que irradiaban un calor que invitaba a quemarse.

Transformaba mi sangre en un sudor perla,

resbalábamos entonces por un tobogán de horas

que unía ambos hemisferios:

el sur de su deseo y mi norte de saliva.

 

Por supuesto que temblaban sus cabellos,

igual que un fósforo prendido entre dos bocas,

cuando mi mano, mascota de cinco versos,

trazaba en su memoria todas las palabras del amor.

 

Indudable que ella era un paisaje nevado,

cierto que yo derretía la escarcha de su vida,

verdad que la felicidad no es un estado permanente.

 

Quisiera tenerla delante para que me explicara

por qué el amor siempre acaba siendo un monólogo desordenado,

la palabra de un loco que ya no se tiene en cuenta.

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Esta entrada fue publicada en Poemas.

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