La caverna

Encendieron una luz a nuestras espaldas.

Nos creímos las sombras bailando en nuestros ojos.

Posamos las manos en fríos espejos

que estremecieron lo sembrado,

que urdieron el engaño y la locura.

Perseguidos, huimos de las falsas certezas

y afirmaciones que fueron fe,

de los héroes y mitos

con barro en los pies

que la historia construyó para tranquilizarnos.

 

Y ahora estamos aquí,

en nuestras manos evitar los desequilibrios

del fino alambre de la cordura.

¿Por dónde empezamos?

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Esta entrada fue publicada en Poemas.

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