No me digas tu nombre

No me digas tu nombre.

No quieras cometer ese suicidio.

Poner nombre a algo o a alguien

es abatir su anonimato,

atrapar un pájaro,

mirarnos a los ojos.

 

Pero lo hiciste y ahora tu nombre

es un número de teléfono revoloteando en el móvil,

tu nombre es ese tirano que nunca me deja pensar,

tu nombre es preguntar por su pasado de amante,

es mi vínculo con la madrugada insomne.

 

Tu nombre, ahora, me pertenece,

mi nombre, ahora, es tu nombre

al igual que tu suicidio es también el mío.

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Esta entrada fue publicada en Poemas.

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