Será por eso que nunca me dices te quiero

No tenemos tiempo de cogernos de la mano

en estos paisajes desnudos de la evolución,

ni de cenar con velas en noches de supervivencia,

ni de acariciar la vida, cuerpo aún por describir,

como si fuéramos dueños de las circunstancias.

 

El presente es un luminoso zarpazo del amanecer,

un grito que alza el vuelo de la inmensidad

y después, solo el viento que borra todo rastro.

La vida, la muerte conviven en el mismo horizonte,

son sangre de la misma dentellada.

Ya habrá tiempo de preguntarse por la belleza,

de nombrarnos e inventar códigos,

de convertir las noches en inolvidables.

 

Ahora vivimos para vencer a la muerte,

primitiva fase del sexo,

y dominar la naturaleza a través del número.

 

El amor,

el amor vendrá mucho más tarde.

Ella es la poesía

Ella se mueve en un idioma distinto,

habla el lenguaje secreto y casi extinguido de las cosas,

avanza descosiendo el firme corsé de lo cotidiano.

 

Ella vive en el péndulo continuo de las miradas

y sus heridas son la fuente de la que beberían

ejércitos de labios,

pero no lo hacen.

 

Ella nace todos los días,

se muestra inocente como el elixir de una flor,

abre sus páginas, deja ver sus silencios de encaje

e implora, a cambio, que le dejen ser

la ley que prohíba todas las guerras.

Across the Universe

Across the universe

The Beatles

Los días que pasan pero son infinitos

Benjamín Prado

Ver la Tierra girar en mis ojos,

un fuego en la cueva del universo,

un reloj en los mismísimos renglones del origen.

 

Sentarme a escribir en las praderas del cosmos

los días que pasan pero son infinitos.

Comprobar que mis palabras son una muesca más

en el cinturón de Orión, cazador de aullidos,

espectador de fugaces instantes de lucidez

de un contagiado por la vida.

 

Estudiar la piel escamada de los satélites,

flotar etéreo como una melodía que espera ser recibida,

ser ángel con sexo en estrellas de cinco heridas

y suscribir que Dios es solo una buena idea

tan malograda como el comunismo.

 

Ver la Tierra girar en mis ojos,

retroceder en su memoria,

descifrar la edad invisible de su núcleo,

el profundo verso en sus años de luz.

Gruta con espejo

Que se apague la luz de la escalera,

ese grito que todo lo impide.

Que las respiraciones

sean lengua sin abecedario,

signos no verbales de esperanto;

que sirvan de señales

en mitad de una tormenta de torpes caricias,

reclamo de dos animales

en una gruta con espejo.

Abandonar en el suelo

la piel manufacturada que nos cubre,

habitar allí contigo vestido con tu capa de aliento.

 

En penumbra las manos descifran mejor los discursos del cuerpo:

dos amantes comparten flujos de luz,

son eclipse dorado

allí donde la oscuridad arropa como una madre.