El placer de buscarte

José Miguel García

 

 

 

 

 

 

 

José Miguel García

 

Introduzcamos el cuerpo en mares de respuesta líquida

con la esperanza de esa mano que nos circunde.

Sigamos lanzando naves a la piscina azul del cielo,

hallemos savia en sus brotes distantes,

palpemos rocío allí donde quizá desierto,

festejemos llamaradas en los ojos de la estatua.

Síntomas de vida, hallazgo de latidos, presagio de algo.

 

Crucemos simplemente la calle para encontrarnos,

derramemos palabras sagradas

dentro y fuera del cáliz de las sombras,

tropecemos los labios en la duda

como quien se adentra por primera vez en una boca desconocida

e ignora sus pasos de baile,

metamos la pata hasta lo más íntimo del tiempo,

pidamos otra copa, seamos del todo sinceros

como el testimonio inclinado de un borracho.

 

Estaremos eternamente disculpados:

el amor es un juego torpe al comienzo.

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