El placer de buscarte

José Miguel García

 

 

 

 

 

 

 

José Miguel García

 

Introduzcamos el cuerpo en mares de respuesta líquida

con la esperanza de esa mano que nos circunde.

Sigamos lanzando naves a la piscina azul del cielo,

hallemos savia en sus brotes distantes,

palpemos rocío allí donde quizá desierto,

festejemos llamaradas en los ojos de la estatua.

Síntomas de vida, hallazgo de latidos, presagio de algo.

 

Crucemos simplemente la calle para encontrarnos,

derramemos palabras sagradas

dentro y fuera del cáliz de las sombras,

tropecemos los labios en la duda

como quien se adentra por primera vez en una boca desconocida

e ignora sus pasos de baile,

metamos la pata hasta lo más íntimo del tiempo,

pidamos otra copa, seamos del todo sinceros

como el testimonio inclinado de un borracho.

 

Estaremos eternamente disculpados:

el amor es un juego torpe al comienzo.

Clases de dibujo en noches sin luz

José Miguel García

 

 

 

José Miguel García

 

Aprendí a dibujar tu rostro,

incansable,

en las horas nómadas de media noche.

Hallé la manera de pensarte intacta

en la memoria de mis dedos vacíos.

Reconstruí con el material del que están hechos los sueños

cada sílaba extraviada del pasado,

y en compañía de tu ausencia,

icono que perdura

tras mis párpados cerrados,

descubrí la forma de no olvidar.

Un pequeño paso para el hombre

José Miguel García

 

 

 

 

 

 

 

 

José Miguel García

 

Amamos la aventura.

Nos encanta palpar el límite de las fronteras

como equilibristas descalzos

y avanzar sobre las vulnerables distancias ante nuestros ojos

como una plaga que devora los tallos verdes de las sorpresas.

Nuestros pies sangraron en oleadas,

descosieron su horizonte como quien rompe mapas

en cada senda abierta en la conquista;

erguidos, el camino era una fértil línea de fuga;

cómo resistirse a aquel cuerpo virgen,

beber de sus ombligos, succionar sus márgenes,

ser los primeros en nombrar su aspecto.

Obligamos huir al horizonte,

y cuando aún estuvimos más erguidos

desterramos su negra estría

hasta la deshabitada periferia de la mirada,

pero incluso allí,

en el hogar siempre encendido de las estrellas,

alcanzaron pisadas y banderas sin aire.

Doblamos, entonces,

las esquinas sin gravedad del espacio

y desde sus años luz

observamos todos y cada uno de los perfiles de la Tierra

como vigías de la intimidad

en atalayas que ensucian el cielo.

Encender la palabra alrededor del fuego

José Miguel García

 

 

 

 

 

 

 

 

José Miguel García

 

 

Exploré las profundidades de las minas

en busca de un diamante embarrado.

Rastreé las siluetas caprichosas

que el agua nos permite,

continentes siempre en silencio.

Imaginé tus magnitudes moldeadas en arcilla

y tuve la necesidad de hablarte

aún sin estar cara a cara:

le murmuro a un rostro inventado,

discuto en mayúsculas con el horizonte

sobre los caminos del amor,

me miran como a un loco.

De tus labios nacerán palabras piadosas,

tus manos serán la lumbre

que me convoque alrededor.

Créeme,

créeme cuerpo nómada

cuando te digo que voy a encontrarte,

porque los tesoros que auguro me animan a seguir.