La herramienta es la poesía

Fue necesario colocar una palabra

detrás de un dedo que señala.

Era obligatorio afilar cada sonido

para que la presa no huyera ante la imprecisión.

Cuando las redes de la conversación

se hicieron densas como la miel,

logramos retener al mundo

preso en su significado.

 

Para liberarlo

fue imprescindible volver a nombrar.

 

Fue entonces cuando llegó

la poesía a nuestros labios,

esa herramienta furtiva

que nos explica el mundo a pequeños sorbos.

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Advertencia

 

 

 

 

Ilustración: José Miguel García

 

Todos somos el enemigo.

Toda piel de arcilla

sufrió, alguna vez,

la derrota,

¿o es que ya no te acuerdas?

La herida del abrazo,

el progresivo abandono

de las lenguas,

la huída de unos tacones

o de unos pies descalzos,

la autopsia del pasado,

la costumbre del olvido,

la entraña de todo poema.

Nadie nos dijo

que este trabajo de vivir

estuviera bien pagado.

Nadie nos dijo

que toda recompensa

es siempre efímera.

Catástrofe

 

 

 

 

 Ilustración: José Miguel García

 

Si nos abandona el Sol

de nada habrán servido nuestros planes

y los besos

solo serán un recuerdo árido para ambos.

Los lugares comunes se convertirán

en calles prohibidas y tema tabú

por miedo a chocar

como el asteroide

que transformó en olvido

los planes de los dinosaurios.

Nadie encontrará nuestra huella,

mudaremos las pieles.

El rastro será barrido por la oscuridad

y entonces pasaremos frío

y las noches correrán húmedas

como un lento glaciar

que hiere la piel.

Icebergs

José Miguel García

 

 

 

 

 

José Miguel García

 

En la deriva de los cuerpos

algunos rehúyen el contacto.

Tienen miedo a la llama ajena,

al glaciar desgajado,

a la herida de la piel abrazada.

¿De quién es esa sombra?

 

 

 

  Ilustración: José Miguel García

 

 

¿De quién es esa sombra

que rema en mi contra?

Ese trozo de noche

que ondea en la piel

del agua

como bandera fragmentada

por el viento.

Esa piel sin luz

que alumbra

las contradicciones de la noche,

que se acuesta conmigo

pero nunca duerme a mi lado.

Esa luz sin piel

caída de mi cuerpo,

¿también soy yo?

Soliloquio

Los espejos digieren el soliloquio del amo,

la locura del genio,

la elegancia derrotada de un animal agónico,

la falsa seguridad del principal sospechoso.